fragmentos de tesis 3: sobre la historia de vida y la vida

Paul Ricœur aborda esta dimensión temporal a la que es posible asistir desde la función narrativa, desde el concepto de historia de una vida. Según el autor, es demasiado complejo hablar directamente de la historia de una vida, pero para ello contamos con la posibilidad de hablar indirectamente de ella desde la poética del relato, convirtiéndose así, una historia de vida en una historia contada.  Esto en el marco de la distancia que establece el relato entre él y la experiencia viva, en tanto entre vivir y narrar existe siempre una separación; la vida se vive, la historia se cuenta (Ricœur, 2000:191). Es decir, como quiere que definamos “una vida” es evidente que el texto no la refleja, por ser ella irreproducible, inaprensible, irrecordable, incontable en su diversidad y multidimensionalidad (Piña, 1999:2). Ella siempre (la vida) será irrecuperable en su totalidad a menos que seamos como Funes el Memorioso: Sabía la forma de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez (Borges, 1944 [2012]:131). Siguiendo en ese sentido, el relato biográfico no es igual a la vida del biografiado, de ahí la insistencia previa de entender al relato biográfico como un tipo de texto interpretativo y autónomo, con un cuerpo propio que se constituye en algo nuevo, en la conquista reflexiva de la experiencia inmediata. Es decir, el relato biográfico, no es el pasado del biografiado, sino un ejercicio donde reflexivamente se otorga sentido a experiencias pasadas. El objeto del relato es la enunciación misma, la cual dota de sentido a la vida y no es la experiencia vivida en sí misma.

lupina-lara

fragmentos de tesis 2: SOBRE LA IDENTIDAD.

la identidad en la actualidad no puede ser pensada como algo fijo ni permanente, menos aún algo transparente y directamente accesible por un sujeto cognoscente. En cambio, puede ser entendida como un proceso en continua construcción, formación, transformación o fragmentación donde la unidad del “yo” (sí mismo) tendría cierto carácter ficcional, producto de una narrativa identitaria que le otorgaría una coherencia narrativa. Si bien la identidad se presenta descentrada, fragmentada y en continuo proceso de formación, esta se vive como un todo unificado que se va construyendo por medio de la narración de tramas argumentales que la hacen inteligible, para sí y para los otros.

307-a-moment-of-innocence.jpg

[1] Sobre este problema es especialmente interesante el film iraní Nun va Goldoon (1996) (En español: un momento de inocencia) del director Mohsen Makhmalbaf. Esta película ha sido catalogada como semi-biográfica, ya que busca reconstituir una experiencia real del director, a saber, el reencuentro de éste con un policía al que apuñaló en su juventud. En la cinta es posible atestiguar la intención de mostrar la experiencia vital y la conquista reflexiva de la experiencia en clave artística. Resulta ilustrativa la idea que trabaja Makhmalbaf sobre la posibilidad de reconfigurar desde el presente nuestra experiencia pasada, tensionando los límites del cine, no solo como un aporte en la conquista reflexiva del sí mismo que hacen los espectadores al interpretar las obras, sino también en la vida de los actores y directores cuando hacen las películas. La escena final, es especialmente notable. Los personajes que interpretan al actor y al policía, subvierten o cambian los acontecimientos que realmente ocurrieron, el joven que interpreta al director debía apuñalar al policía, y el joven que interpreta al policía debía disparar al joven Makhmalbaf (por órdenes de último momento que el policía da al actor que lo interpreta), a pesar de eso, ambos actores dejan de la lado las indicaciones y sorprenden en una exquisita toma final, entregando a la mujer que ambos aman: flores y pan, esto último como referencia a la reflexión ética de los actores, quienes consideran el bien, como flores para África y pan para los pobres.

apología marihuanera

Su Señoría, abogados defensores, contraparte, personal judicial en general.

Antes de comenzar esta breve intervención quisiera pedir disculpas por mi desconocimiento en el protocolo a utilizar en un contexto como este, es por eso que espero puedan excusar alguna falta en la formalidad a seguir. Mi argumento está pensado –les aseguro- desde el total respeto que se merecen uds como tribunal.

Sobre el tema del cannabis o la marihuana se debate mucho a nivel médico y político. Al respecto gente mucho más capacitada que yo ha reflexionado de manera brillante. Sin ir más lejos ustedes conocen mucho mejor que yo el panorama legal de la referida ley 20.000 y el filósofo español Antonio Escohotado en su historia general de las drogas no puede ser más que citado por cualquiera que quiera tratar este tema.

Lo que quiero decir más bien está vinculado a otro campo, muchas veces olvidado en medio de la vorágine posmoderna de la vida actual. Me refiero a perspectiva ética que hay de trasfondo a la falta que cometí. Sé que el siglo XXI es el siglo de la física cuántica, la robótica o la ingeniería genética pero quiero valerme de la filosofía y la ética para repensar la falta que cometí.

La filosofía moral o ética aristotélica es una filosofía de orden práctica, en ella se entiende al bien como la consecución de la felicidad para el ser humano en un esquema de fines y medios donde los medios son etapas para llegar a la felicidad. La ética aristotélica, afirma que la virtud está relacionada con el darnos éticamente en la vida cotidiana. A saber, no es bueno quien hace algo bueno una sola vez, sino que más bien guarda relación con un desenvolvimiento vital ético. Voy a mi punto, no logro ver, como cultivar plantas en la privacidad del patio de mi casa puede atentar contra este darme éticamente en el mundo, más bien lo confirma, confirma el ánimo de un ciudadano que no está dispuesto a llenarle los bolsillos a narcotraficantes, pero que en el legítimo ejercicio de su libertad, decide de forma privada fumar marihuana.

Cuando vemos el problema desde la óptica Kantiana el panorama es distinto, la ética de Kant no es práctica, sino más bien puramente formal, pero aun así y pese a las críticas de tradiciones filosóficas como la dialogica y la utilitarista, son los imperativos categóricos de Kant los que han posibilitado por ejemplo los derechos humanos:

Los imperativos categóricos son dos:

  1. i) Obra de forma tal donde la vida de los otros sea siempre un fin y nunca un medio. Estoy seguro de que al revisar mi actuar frente a este imperativo no falté éticamente, ya que el acto cometido, me compromete a mí en el ejercicio de mi libertad y no dañé de manera directa o indirecta a nadie.
  2. ii) El segundo imperativo categórico dice: Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal, En palabra simples a lo que Kant apunta es a la universalidad, a pensar en qué pasaría si todos hicieran lo que hice yo, ¿qué pasaría si todos manejan borrachos? Más allá de que sea cerca o no esté tan ebrio, ¿qué pasaría si todos les pegáramos a nuestros hijos? Más allá de si hoy nos desobedecieron. Cuando confronto mi actuar con el imperativo categórico de la universalidad, confirmo con mayor fuerza mi obrar ético, así las cosas: si todos los consumidores de cannabis cultivaran en la privacidad de su hogar, creo que el mayor perjudicado no sería otro que el narcotráfico.

Si se me acusa con la ley 20.000, sí soy culpable, si veo mi actuar con los ojos de los pilares éticos de nuestra sociedad, creo que mi incumplimiento es solo formal, es hijo de una metafísica tautológica que en su juego de espejos me culpa a mi para poder culpar a narcotraficantes que envenan con pasta base nuestro país. Espero que esta situación cambie, espero que podamos pronto ejercer de manera más bella nuestra libertad, que no es solo elección sino también responsabilidad.

Por su paciente escucha y atención les agradezco.

fragmentos de tesis 1: SOBRE HACERNOS A NOSOTROS MISMOS

Sobre el problema de la conciencia histórica y la autoreflexión en la modernidad resulta especialmente interesante la reflexión de Michele Foucault en: ¿Qué es la Ilustración? (Qu’est-ce que les Lumières?) (1984). En él define la modernidad como una “actitud”, donde se consolida un especial modo de relación entre el hombre moderno y la actualidad. A saber, la actitud moderna entrañaría una manera de pensar y de sentir, así como también, de actuar y de conducirse que marca una relación de pertenencia y, simultáneamente, se presenta a sí misma como una tarea. Para desarrollar esa idea Foucault introduce el pensamiento de Baudelaire y su visión del artista moderno y el “dandismo”, la que ejemplifica la consciencia de la modernidad no como una simple relación con el presente, sino también como un modo de relación que el hombre moderno establece consigo mismo. En ese sentido, ser moderno no es aceptarse a sí mismo tal como se es en el flujo de momentos que pasan; es tomarse a sí mismo como objeto de una elaboración ardua y compleja; para eso la autoreflexión e introspección serían claves. Así, y siguiendo la revisión que hace Foucault sobre el trabajo de Baudelaire, lo que el poeta francés llamaba “dandismo”, no encarnaría solo al descubrimiento de sí mismo, de sus secretos y de su verdad escondida; sino también al intento de inventarse a sí mismo. En ese contexto, el principio de una crítica y de una creación permanente de nosotros-mismos en nuestra autonomía sería el corazón de la consciencia histórica que la Aufklärung (ilustración) ha tenido de sí misma. De ese modo Foucault, nos sitúa de lleno en una visión sobre el hombre moderno y el proyecto de la ilustración como un tipo de interrogación filosófica que problematiza, de modo simultáneo, la relación con el presente, el modo de ser histórico y la constitución de sí mismo como sujeto autónomo.

 

foucault

Nos dice nuestro querido Foucuault en Qu’est-ce que les Lumières?:

Hay que considerar a la ontología crítica de nosotros mismos, no ciertamente como una
teoría, como una doctrina, ni siquiera como un cuerpo permanente de un saber que
se acumula; hay que concebirla como una actitud, como un ethos, como una vida
filosófica en la que la crítica de lo que somos es, simultáneamente, un análisis
histórico de los límites que nos son impuestos y un experimento de la posibilidad de
rebasar esos mismos límites.

Wittgenstein/Weedgenstein

Hoy hice clases sobre Ludwig Wittgenstein (que atrevimiento). Los chiquillos y las chiquillas se complicaban más por pronunciar el nombre que por tratar de cachar algo del tractatus (que es un libro mal fotocopiado de chino mandarín).

Se me ocurrió una idea:

imaginen que el ilustre filósofo analítico tiene un bong entre las manos, ahora digan: WEEDgenstein, no es igual pero se acerca bastante.

entre vitvenstain y weedgenstain no hay tanta diferencia. Al final, son todos juegos del lenguaje.

 wittgenstein

revisando el gmail.

Imagina aguas aquietadas, las estás viendo desde la orilla. Las ves con calma, con una calma que sabes tiene límites y esos límites están por colapsar, lo sabes porque a cada minuto esperas algo, que ocurra algo, que algo cambie esa imagen, pero no pasa nada. Entonces comienzas a arrojar piedras, algunas pequeñas -al comienzo- y claro, el agua se mueve, salpica, brotan hacia el cielo gotas y aparecen ondas, pero al cabo de un instante el agua sigue igual que antes. Continuas con piedras más grandes y te desgastas tirándolas con todas tus fuerzas. El resultado es el mismo, la calma de esa agua no cambia por más que se acaben las piedras de la orilla. Entonces encuentras un tronco, uno pequeño, lo que bien podría ser la casa de un insecto, o un trozo desprendido y perdido de un arbusto de hace años atrás. Lo tiras al agua, y el viento lo mueve, el agua no cambia, pero ese frágil madero, pese a sus mínimas proporciones y su baja densidad no se hunde, no deja inmaculado el paisaje, sino que avanza por él, lo surca, lo atraviesa y aunque constantemente pareciera que se perderá de la vista sigue estoico desafiando al elemento que se tragó a todas las piedras, flotando en el sin sentido mientras todos se hunden en él, mientras todas las piedras se funden en el fondo, nuestra rama, flota.